Este trabajo requiere una concentración máxima. El oído debe detectar cualquier diferencia con lo que, por otra parte, él quiere escuchar.
Colocar el temperamento, extenderlo, afinar los unísonos... en fin, poner al instrumento en armonía consigo mismo.
Y, claro, que todo lo demás ayude a la estabilidad de la afinación.
Sobre Música
martes, 8 de enero de 2008
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